SAN CRISTÓBAL, R.D. – Las Cuevas del Pomier, consideradas el mayor santuario de arte rupestre precolombino del Caribe, continúan en el centro del debate nacional debido a los retos que enfrenta su proceso de recuperación, mientras especialistas y organizaciones ambientales advierten que los daños ocasionados por décadas de actividad minera aún representan una amenaza para este invaluable patrimonio histórico y natural.
El complejo arqueológico alberga miles de pictografías y petroglifos de origen taíno, además de un frágil ecosistema kárstico que ha sido afectado por años de extracción de piedra caliza en sus alrededores. Aunque el Gobierno ordenó en 2025 el cese de las operaciones mineras dentro de la zona núcleo y su área de amortiguamiento e inició un plan de rescate, expertos sostienen que la recuperación del monumento requiere acciones científicas y ambientales de largo plazo.
Investigadores y académicos señalan que el ruido, las vibraciones y el polvo generado por la actividad extractiva han impactado las cavernas, afectando tanto las manifestaciones de arte rupestre como la biodiversidad que caracteriza este sistema de cuevas. Asimismo, consideran que las labores de remediación deben ejecutarse bajo estrictos criterios técnicos para garantizar la preservación integral del área protegida.
El Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales ha informado que se desarrolla un plan de restauración que incluye la estabilización de terrenos intervenidos, reforestación con especies nativas, rehabilitación ambiental y la elaboración de un nuevo modelo de manejo orientado a convertir las Cuevas del Pomier en un destino ecoturístico y cultural de alcance internacional.
Diversos sectores también impulsan la candidatura del monumento para ser reconocido como Patrimonio Mundial de la UNESCO, al considerar que su valor arqueológico, histórico y científico lo convierte en uno de los sitios más importantes del Caribe para el estudio de las culturas prehispánicas.
Mientras continúan los trabajos de restauración, ambientalistas, arqueólogos y representantes comunitarios insisten en la necesidad de mantener una vigilancia permanente sobre el área protegida y garantizar que las medidas adoptadas permitan preservar este legado para las futuras generaciones, conciliando la protección del patrimonio con el desarrollo sostenible de la zona.

